Como consecuencia del acoso sexual que sufrían las mujeres en la India cada vez que entraban en uno de los
abarrotados vagones de su red ferroviaria, el gobierno tuvo la brillante idea de poner en circulación vagones
exclusivos para ellas y así evitar todo tipo de toqueteos y vejaciones. La original idea no ha impedido que con el
tiempo los más osados se hayan atrevido a subir en los flamantes vagones color rosa reservados para las féminas.
Pero ¿qué ocurre cuando un aguerrido grupo de pasajeras descubre a un puñado de hombres ocupando su espacio?
Lo que sigue ocurrió la pasada semana en algún metro de la ciudad de Nueva Delhi.

 

 

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